Lo desconocido
En la huida del cementerio, iba derramando lágrimas por mi amigo Juan, en ese momento no me fije si estaba vivo o muerto, no atine a tomarle el pulso. Solamente le arrebate el móvil. “Es culpa mía todo esto” pensé mientras iva corriendo. La puerta estaba a unos escasos 100 metros de distancia, y Toño corría velozmente detrás de mí. La huida se nos estaba haciendo eterna, una vez delante de la puerta. Tuvimos que hacer un hábil gesto para esquivar la puerta, que anteriormente aviamos forzado para poder entrar. Una vez fuera del cementerio, suponíamos que el peligro havia acabado. Pero no fue así, alguna cosa extraña (no pudimos ver concretamente que) nos perseguía.
Toño y yo, no teníamos otra opción que ir corriendo hacia mi casa y intentar encerrarnos y dar parte a la policía. Esa cosa extraña cada vez se nos acercaba mas, deje que Toño me pasara para así tenerlo controlado. (No quería perder otro amigo, por mi culpa)
Faltaba poco para poder ver mi casa, para simplemente verla. Cuando ya la teníamos en nuestro campo de visión, esa cosa que nos perseguía, al parecer aumento de ritmo. Si seguíamos a nuestro ritmo acabaría atrapándonos. Teníamos una larga recta delante nuestro, le grite a Toño y le lancé las llaves. Ya que el iba primero, ganaríamos unos segundos abriendo la puerta.
Toño no tardo en abrirla, yo estaba a unos metros de el, me estaba gritando pero yo no podía oír nada, solo veía su dedo señalando detrás mío, y su boca en un gesto de miedo. Me faltaban unos metros y estaría a salvo en mi casa con mi amigo. Hice un último esfuerzo y entre la puerta, que posteriormente fue cerrada con una velocidad brutal, por parte de Toño. Echamos todos los pestillos posibles e incluso pusimos sofás en la puerta, para bloquear el paso de esa cosa extraña que teníamos detrás.
Nos caímos al suelo muerto de miedo, no nos salían las palabras. En un mar de dudas, la puerta sonó repentinamente. Un golpe detrás de otro. No sabíamos que podía ser, pero no queríamos abrir Empezamos a echarnos cada vez mas hacia detrás, hasta chocarnos con la pared de la entrada, no me acuerdo bien como pero empezamos a pedir perdón –no recuerdo porque. Solamente pedíamos salir con vida de aquello…
Volvió a sonar la puerta, y al cavo de un rato oímos la voz de Juan! Abridme por favor! Decía era un momento de tensión, la puerta cada vez se movía mas, supuestamente Juan la golpeaba con más fuerza.
Nos asomamos a la mirilla, y apreciamos a Juan lleno de sangre, con la ropa destrozada. No dudamos ni un segundo en abrirle la puerta para curarlo y llevarlo a un hospital.
Desde esa noche, no hemos vuelto a venir a mi casa nunca más. Nos hemos cambiado de pueblo, y mi amigo Juan esta ingresado en un psiquiátrico de Barcelona, donde lleva sin hablar desde el día en que le ocurrió aquel fatídico ataque en el cementerio. No sabemos que le ocurrió, como no habla, nunca podremos saber que le paso. Solo tenemos una pequeña prueba que capto su propio móvil dentro del recinto. Aparece una sombra y sus propios gritos de pánico
FIN |
|